Entre 1920 y 1933, Estados Unidos prohibió el alcohol, y Nueva York respondió con decenas de miles de bares clandestinos, contrabando por el puerto y una generación de gánsteres que convirtió el crimen en empresa. Trece paradas desde la vista de Ellis Island, por Five Points, Little Italy y el Lower East Side, hasta los speakeasies del Village y Midtown y el jazz de Harlem. Duración aproximada de audio: 22 minutos.
Paradas del tour
13 paradas · ~22 min de audio · 7 km a pie (unas 1 h 45 min caminando) · unas 2 h 15 min en total
Estás en Battery Park, en la punta sur de Manhattan. Mirá hacia el agua. A la izquierda, la Estatua de la Libertad. Más cerca, a la derecha, un edificio de ladrillo rojo con torres: Ellis Island.
Entre 1892 y 1954, por esa isla pasaron unos doce millones de inmigrantes. Irlandeses, italianos, judíos de Europa del Este, alemanes, griegos.
Hacia 1910, cuatro de cada diez neoyorquinos habían nacido en otro país. La ciudad hablaba decenas de idiomas.
Muchos de esos inmigrantes traían consigo una cultura del alcohol. La cerveza de los alemanes, el vino de los italianos, el whisky de los irlandes…
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Las marcas en la pared
Estás en Wall Street, frente al número 23, un edificio bajo de mármol que fue la sede del banco J. P. Morgan. Acercate a la fachada que da a la calle.
Fijate en la piedra. Vas a ver pequeños cráteres, golpes, raspones. Nadie los arregló a propósito.
El 16 de septiembre de 1920, a las doce del mediodía, un carro tirado por un caballo se detuvo acá. Estaba cargado de explosivos y metralla. Explotó en medio de la multitud de oficinistas que salían a almorzar.
Murieron casi cuarenta personas. Cientos quedaron heridas. Fue el peor atentado de la historia de Nueva York hasta entonces.
Nunca se e…
3
Whisky por el río
Estás en la entrada del puente de Brooklyn. Si tenés tiempo, caminá unos metros sobre la pasarela de madera hasta la primera torre y mirá el East River.
El puente se inauguró en 1883. Fue durante años el más largo colgante del mundo. Abajo, el río era la autopista del contrabando.
Con la Ley Seca, el alcohol tenía que entrar de afuera. Llegaba en barcos desde Canadá, las Bahamas, Cuba, Francia.
Los barcos grandes se quedaban anclados en el mar, fuera de las aguas de Estados Unidos, frente a Long Island y Nueva Jersey. Esa fila de barcos se llamaba Rum Row, la fila del ron.
De noche, lancha…
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La escuela de los gánsteres
Estás en Columbus Park, entre Chinatown y los tribunales. Hoy hay ancianos jugando a las cartas y chicos jugando al básquet. Durante el siglo XIX, acá estaba Five Points.
Era el barrio más pobre y más peligroso de Nueva York. Cinco calles se cruzaban sobre un antiguo lago rellenado con basura. Las casas se hundían en el barro.
Inmigrantes irlandeses recién llegados, negros libres, después italianos, vivían hacinados en edificios oscuros. Había epidemias de cólera, tabernas y burdeles.
Y había pandillas. Los Dead Rabbits, los Bowery Boys. Peleaban por las calles, por los votos, por el contro…
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La bolsa de la vereda
Estás en Mulberry Street, en el corazón de Little Italy. Mirá los manteles a cuadros, las banderas italianas, los mozos que te invitan a pasar.
A comienzos del siglo XX, estas manzanas estaban repletas de inmigrantes del sur de Italia. Calabreses, sicilianos, napolitanos. A veces diez personas en dos cuartos.
Durante la Ley Seca, en esta esquina con Kenmare Street funcionaba algo increíble: un mercado de alcohol al aire libre. Lo llamaban la bolsa de la vereda.
Los contrabandistas se paraban en la calle y negociaban cargamentos de whisky como si fueran acciones. Compraban, vendían, fijaban …
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La policía de enfrente
Estás frente al número 240 de Centre Street. Mirá el edificio de piedra con cúpula, columnas y esculturas. Parece un palacio europeo. Fue la sede central de la policía de Nueva York desde 1909.
Durante la Ley Seca, desde acá se dirigía la lucha contra el alcohol. Y a una cuadra funcionaba la bolsa de los contrabandistas.
La explicación es simple: el dinero. Un agente ganaba poco. Un contrabandista podía pagarle en una noche lo que ganaba en meses.
La corrupción llegó a todos los niveles. Patrulleros, jueces, fiscales, funcionarios de la alcaldía. Había listas de pagos semanales.
El alcalde…
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El bar que nunca cerró
Estás en la calle 7 Este, a pasos del Bowery, frente a McSorley's Old Ale House. Mirá la fachada vieja, el letrero, el aserrín en el piso si asomás la cabeza.
Abrió a mediados del siglo XIX. Es uno de los bares más antiguos de Nueva York. Y según su propia historia, nunca dejó de servir durante la Ley Seca.
Oficialmente vendía near beer, cerveza casi sin alcohol, que era legal. En la práctica, la cerveza de McSorley's tenía bastante más de lo permitido.
El Bowery era entonces la calle de los marginados. Pensiones de diez centavos, hombres sin techo, bares de mala muerte. Ahí el alcohol bara…
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Siete mil vidas en un edificio
Estás frente al número 97 de Orchard Street, el Tenement Museum. Mirá el edificio de ladrillo de cinco pisos, con escaleras de incendio de hierro en la fachada.
Se construyó en 1863. Hasta 1935 vivieron acá unas siete mil personas de veinte países distintos. En un solo edificio.
Cada departamento tenía unos treinta metros cuadrados. Tres ambientes chicos, uno solo con ventana. Al principio no había agua corriente ni baño: se usaban letrinas en el patio.
Muchas familias trabajaban en la misma casa. Cosían ropa por pieza, hasta la madrugada, con los chicos ayudando.
Si entrás con una visita …
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El cerebro y el contador
Estás en Delancey Street, en el Lower East Side. Mirá hacia el este: al fondo se ve el puente de Williamsburg. Hace cien años, estas veredas eran puestos de carritos y vendedores gritando en ídish.
Por acá creció Meyer Lansky, un chico judío llegado de Bielorrusia. Era bajito, callado y muy bueno con los números.
Su mejor amigo era otro chico del barrio, violento e impulsivo: Benjamin Siegel, al que llamaban Bugsy. Y en estas mismas calles conocieron a un siciliano llamado Charles Luciano.
Su mentor fue Arnold Rothstein, el Cerebro, un apostador de lujo que entendió antes que nadie el negoc…
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Ochenta y seis
Estás en Bedford Street, en el Greenwich Village. Buscá el número 86. Una puerta de madera sin cartel, sin nombre. Nada indica que adentro hay un bar.
Es Chumley's, uno de los speakeasies más famosos de la Ley Seca. Abrió en 1922. Lo fundó Leland Chumley, un socialista que tenía también una imprenta de panfletos.
La palabra speakeasy viene de hablar bajo. Para entrar había que conocer a alguien, decir una contraseña, no hacer ruido. En la ciudad llegó a haber decenas de miles.
Chumley's tenía dos salidas. Una a esta calle y otra a un patio que daba a otra cuadra. Cuando venía la policía, av…
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La bodega detrás de la pared
Estás en la calle 52 Oeste, frente al número 21. Mirá la reja de hierro y las pequeñas estatuas de jockeys pintados en los escalones. Es el 21 Club. El restaurante cerró en 2020, pero la fachada sigue igual.
En 1930, en plena Ley Seca, este speakeasy se mudó acá. Atendía a millonarios, actores, políticos. Era elegante, caro y discreto.
Los dueños diseñaron un sistema contra las redadas. Cuando la policía entraba, un botón activaba un mecanismo: los estantes del bar se inclinaban y las botellas caían por una rampa hacia el sótano, donde se rompían. No quedaban pruebas.
Y había algo más. En e…
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El club donde los negros tocaban y no podían entrar
Estás en Lenox Avenue, a la altura de la calle 142, en Harlem. Hoy hay edificios de viviendas. Entre 1923 y 1936, en esta esquina estaba el Cotton Club.
Su dueño era Owney Madden, un gánster de origen inglés criado en las pandillas irlandesas. Abrió el club, entre otras cosas, para vender su propia cerveza clandestina.
Harlem era entonces la capital de la América negra. Escritores, músicos, pintores. Lo llamaron el Renacimiento de Harlem.
En el escenario del Cotton Club tocaban los mejores músicos negros del país. Duke Ellington dirigió acá su orquesta durante años. Cab Calloway cantaba. La…
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La reina de los números
Estás en Lenox Avenue, entre las calles 140 y 141. Acá estaba el Savoy Ballroom, el gran salón de baile de Harlem. A diferencia del Cotton Club, en su pista bailaban juntos negros y blancos.
Mientras tanto, en las calles de Harlem funcionaba otro negocio: la lotería ilegal de los números. Apuestas de centavos, todos los días, con premios pagados en el barrio.
La reina de ese negocio era una mujer llegada del Caribe: Stephanie St. Clair, a la que llamaban Queenie. Controlaba una red enorme de apuestas y daba trabajo a cientos de personas del barrio.
Hacia el final de la Ley Seca, los gánster…
¿Cuánto dura el tour "Nueva York seca: la mafia, el jazz y la ciudad que nunca dejó de beber"?
Tiene unos 22 minutos de audio en 13 paradas y un recorrido a pie de 7 km (unas 1 h 45 min caminando). Conviene calcular unas 2 h 15 min en total, aunque se puede dividir: el tour se pausa y se retoma cuando quieras.
¿Dónde empieza el tour?
En la parada 1, "Los que llegaron" (coordenadas 40.7033, -74.017). La app te guía de una parada a la siguiente con un mapa.
¿Es gratis?
Trevurs es una app gratis para iOS y Android. También hay una versión Premium opcional, desde USD 1.99, con descargas offline ilimitadas, acceso a todos los tours y sin publicidad. Además, ayuda a sostener una app independiente.
¿Por qué hacer una audioguía en lugar de un tour guiado en grupo?
Sin grupo al que seguir y sin guía al que esperar. Se empieza a cualquier hora del día, con tu propio horario. A tu ritmo: pausar, volver atrás o saltar cualquier parada. No hace falta dedicar 2 o 3 horas a un solo tour: una parada o la ruta completa, como prefieras. Funciona sin conexión una vez descargado.
¿En qué idiomas está disponible esta audioguía?
Este tour está disponible en español, inglés, portugués, francés y italiano. El idioma se cambia en cualquier momento desde la app.
¿Necesito wifi para escuchar el tour?
No. Basta con descargar el tour con wifi antes de salir; después se escucha sin conexión de datos.
¿Cómo accedo a este tour?
Hay que descargar Trevurs en iPhone (App Store) o Android (Google Play), abrir Nueva York y elegir "Nueva York seca: la mafia, el jazz y la ciudad que nunca dejó de beber". No hace falta crear una cuenta para empezar.