Milán: Leonardo, La Última Cena y el duque que lo perdió todo
Milán, Italia·🎧 27 min de audio13 paradas🚶 6,92 km
ESENPTFRIT
Hacia 1482 un florentino de treinta años llegó a Milán ofreciéndose como ingeniero militar. Se quedó diecisiete años al servicio de Ludovico Sforza, el Moro, el hombre que le quitó el poder a su sobrino y abrió las puertas de Italia a los ejércitos franceses. Trece paradas entre la iglesia que el duque quiso como mausoleo, la pared donde Leonardo pintó la traición de Judas, el milagro de su supervivencia bajo las bombas, la viña que le regaló el Moro, las máquinas reconstruidas de sus cuadernos, el castillo de los Sforza, la sala de las moreras, los pintores de su corte en Brera, la esclusa de los canales, el monumento a sus discípulos, el códice de mil hojas, la cúpula del Duomo que nunca construyó y el patio donde se levantó su caballo gigante. Duración aproximada de audio: 27 minutos.
Paradas del tour
13 paradas · ~27 min de audio · 6,92 km a pie (unas 1 h 45 min caminando) · unas 2 h 15 min en total
Estás frente a Santa Maria delle Grazie. Fijate en el contraste: una nave gótica de ladrillo y, al fondo, una tribuna enorme, redonda, renacentista. Parecen dos edificios pegados. Y en cierto modo lo son.
La iglesia la levantaron los dominicos a mediados del siglo XV. Pero en 1492 Ludovico Sforza, el hombre fuerte de Milán, mandó demoler el ábside y construir esa tribuna nueva. La tradición la atribuye a Donato Bramante, el arquitecto de su corte.
Ludovico tenía un plan. Quería que esta iglesia fuera el mausoleo de su familia. Por eso le prestó tanta atención a este convento, y por eso encar…
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Uno de ustedes me va a traicionar
Estás en el antiguo refectorio de los dominicos, el comedor donde los frailes comían en silencio. Al fondo, ocupando toda la pared, está La Última Cena. Mide unos cuatro metros y medio de alto por casi nueve de ancho.
Leonardo la pintó más o menos entre 1494 y 1498, por encargo de Ludovico. Los frailes comían mirando a Cristo comer con sus discípulos. La mesa pintada continuaba, en la imaginación, las mesas reales del refectorio.
Fijate en el momento que eligió. No es la institución de la eucaristía, como en casi todas las cenas anteriores. Es el instante justo después de que Jesús dice: uno…
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La pintura que empezó a morir enseguida
Seguís en el refectorio. Si La Última Cena te parece pálida, casi un fantasma, no es tu impresión. Lo que tenés delante es lo que sobrevivió a cinco siglos de desastres.
El problema empezó con el propio Leonardo. Un fresco se pinta rápido, sobre revoque húmedo, y el color queda atrapado en la pared. Pero a Leonardo no le gustaba trabajar apurado. Quería volver, corregir, pensar. Así que pintó sobre la pared seca, con temple y aceite.
El resultado fue hermoso y frágil. La humedad del muro empezó a levantar la pintura cuando él todavía vivía. Unas décadas después, quienes la veían ya la descri…
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La viña que le regaló el Moro
Cruzá el Corso Magenta. Estás frente a la Casa degli Atellani, un palacio renacentista casi enfrente de Santa Maria delle Grazie. Detrás de sus patios hay algo inesperado en plena ciudad: una viña.
Ludovico le había regalado esta casa a una familia de cortesanos, los Atellani. Y hacia 1498, cuando Leonardo todavía trabajaba en la Cena, el duque le regaló a él un terreno de viña aquí atrás, de unas dieciséis pértigas milanesas.
Era un pago en especie. Ludovico pagaba tarde y mal, y Leonardo se quejaba por escrito de los meses de salario atrasado. Una tierra propia, a pocos pasos del convento,…
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Las máquinas que salieron del papel
Estás en la Via San Vittore, frente al Museo Nacional de Ciencia y Tecnología, que lleva el nombre de Leonardo. Ocupa un antiguo monasterio del siglo XVI, el de San Vittore al Corpo, que fue cuartel militar y quedó muy dañado por las bombas de 1943.
El museo abrió en 1953, al cumplirse cinco siglos del nacimiento de Leonardo. Su joya es una galería de maquetas construidas a partir de los dibujos de sus cuadernos: tornillos aéreos, alas batientes, puentes desmontables, telares, grúas.
Mirá esas máquinas con un poco de cuidado. Muchas nunca se construyeron en su época, y algunas no habrían fun…
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La carta de un ingeniero militar
Estás frente al Castello Sforzesco. La torre alta del centro es la Torre del Filarete. No es la original: aquella explotó en 1521, cuando se usaba como polvorín, y la que ves es una reconstrucción terminada a comienzos del siglo XX.
El castillo lo levantó Francesco Sforza a partir de 1450, sobre la fortaleza de los Visconti. Su hijo Ludovico lo convirtió en una de las cortes más ricas de Europa: músicos, poetas, matemáticos, arquitectos. Leonardo llegó a ese mundo hacia 1482, con unos treinta años.
Antes de llegar escribió una carta, o mandó a escribirla, que se conserva en borrador. En diez…
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La sala de las moreras
Cruzaste el gran patio de armas y estás en la Corte Ducale, la parte más íntima del castillo. En una de sus torres, la Torre Falconiera, está la Sala delle Asse, la sala de las tablas. Su nombre viene de los paneles de madera que cubrían las paredes.
En 1498 Leonardo pintó esta sala para Ludovico. Una carta de abril de ese año, de un funcionario de la corte, cuenta que el maestro Leonardo prometía terminarla para septiembre.
Mirá hacia arriba. La bóveda entera es una pérgola de árboles: troncos que suben por las paredes y cuyas ramas se entrelazan en el techo, atadas con un cordón dorado que…
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Los compañeros de la corte
Estás en el patio del Palazzo di Brera. En el centro, un Napoleón de bronce, desnudo como un dios romano. Fue él quien convirtió este antiguo colegio jesuita en museo, a comienzos del siglo XIX, llenándolo con cuadros sacados de iglesias y conventos.
Arriba está la Pinacoteca di Brera. No vas a encontrar aquí un cuadro de Leonardo. Pero sí a la gente que trabajó a su lado en la corte de Ludovico.
El más importante es Donato Bramante, el arquitecto de la tribuna de Santa Maria delle Grazie. Pintó muy poco, y una de sus obras está acá: el Cristo atado a la columna, de hacia 1490, hecho para la…
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La ciudad de los canales
Estás en la Via San Marco, junto a la Conca dell'Incoronata. Mirá esas dos compuertas de madera en el agua quieta. Son lo que queda de una esclusa construida a fines del siglo XV, cuando por esta calle pasaba un canal.
Milán no tiene río. Durante siglos compensó esa falta con los Navigli, canales que la unían al Ticino y al Adda, y por ellos a los lagos y a los Alpes. Por agua llegaban la sal, la madera, el grano y el mármol rosado de Candoglia con el que se construía el Duomo.
El problema era el desnivel. Para que los barcos subieran o bajaran, hacían falta esclusas: cámaras que se llenan y…
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El maestro y sus cuatro discípulos
Estás en la Piazza della Scala. A un lado, el teatro de ópera; enfrente, el Palazzo Marino, el ayuntamiento. En el centro, sobre un pedestal alto, Leonardo de pie, con los brazos cruzados y la barba larga.
El monumento es de Pietro Magni y se inauguró en 1872, pocos años después de la unificación de Italia. La nueva nación buscaba héroes, y Leonardo era perfecto: toscano de nacimiento, milanés por su obra.
Abajo, en las cuatro esquinas, están cuatro de sus discípulos milaneses: Marco d'Oggiono, Cesare da Sesto, Giovanni Antonio Boltraffio y Gian Giacomo Caprotti, al que todos conocían como S…
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El códice de mil hojas
Estás frente a la Biblioteca Ambrosiana, en la pequeña Piazza Pio XI. La fundó el cardenal Federico Borromeo y abrió en 1609. Fue una de las primeras bibliotecas de Europa abiertas al público.
Acá se guarda el tesoro escrito más grande de Leonardo: el Códice Atlántico. No es un libro que él haya armado. Después de su muerte, sus papeles se dispersaron, y a fines del siglo XVI el escultor Pompeo Leoni pegó cientos de hojas sueltas en grandes pliegos, del tamaño de un atlas. De ahí el nombre.
Hoy son 1.119 hojas, con dibujos y notas de unos cuarenta años de trabajo: máquinas de guerra, canales…
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La cúpula que Leonardo no construyó
Estás en la Piazza del Duomo, frente a la catedral. Levantá la vista por encima de la fachada, hacia el centro del edificio. Ahí, sobre el cruce de las naves, sube la aguja más alta, coronada por la Madonnina dorada.
El Duomo se empezó en 1386. Cuando Leonardo llegó a Milán, un siglo después, todavía faltaba resolver ese punto: el tiburio, la estructura que debía cerrar el crucero sin que el peso hundiera los pilares. Era un problema de ingeniería que nadie lograba resolver.
Hacia 1487 la fábrica de la catedral abrió un concurso. Leonardo se presentó. Hizo construir un modelo de madera y lle…
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El caballo que se convirtió en cañones
Estás frente al Palazzo Reale, a la derecha de la catedral. Su fachada neoclásica es del siglo XVIII. Pero en tiempos de Leonardo aquí estaba la Corte Vecchia, el viejo palacio de los Visconti. Ahí Ludovico le dio a Leonardo un taller y un lugar donde vivir.
En este patio nació el proyecto más ambicioso de su vida en Milán: el caballo de bronce que había prometido en su carta, un monumento ecuestre a Francesco Sforza, el padre del Moro. Trabajó en él durante años, estudiando caballos de los establos del duque.
En noviembre de 1493 se exhibió el modelo de arcilla, de unos siete metros de alto…
¿Cuánto dura el tour "Milán: Leonardo, La Última Cena y el duque que lo perdió todo"?
Tiene unos 27 minutos de audio en 13 paradas y un recorrido a pie de 6,92 km (unas 1 h 45 min caminando). Conviene calcular unas 2 h 15 min en total, aunque se puede dividir: el tour se pausa y se retoma cuando quieras.
¿Dónde empieza el tour?
En la parada 1, "La iglesia que el duque quiso para su tumba" (coordenadas 45.46595, 9.1709). La app te guía de una parada a la siguiente con un mapa.
¿Es gratis?
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¿Por qué hacer una audioguía en lugar de un tour guiado en grupo?
Sin grupo al que seguir y sin guía al que esperar. Se empieza a cualquier hora del día, con tu propio horario. A tu ritmo: pausar, volver atrás o saltar cualquier parada. No hace falta dedicar 2 o 3 horas a un solo tour: una parada o la ruta completa, como prefieras. Funciona sin conexión una vez descargado.
¿En qué idiomas está disponible esta audioguía?
Este tour está disponible en español, inglés, portugués, francés y italiano. El idioma se cambia en cualquier momento desde la app.
¿Necesito wifi para escuchar el tour?
No. Basta con descargar el tour con wifi antes de salir; después se escucha sin conexión de datos.
¿Cómo accedo a este tour?
Hay que descargar Trevurs en iPhone (App Store) o Android (Google Play), abrir Milán y elegir "Milán: Leonardo, La Última Cena y el duque que lo perdió todo". No hace falta crear una cuenta para empezar.