En el año 710, Japón construyó su primera capital permanente copiando el trazado de la gran capital china. Duró apenas setenta y cuatro años, pero dejó el Buda de bronce más grande del país, templos de mil trescientos años y unos mil trescientos ciervos que caminan libres por la ciudad como mensajeros de los dioses. Doce paradas entre el palacio desaparecido, la pagoda que casi se vende como chatarra, el estanque de la dama ahogada, las tejas más antiguas en uso, los monos de tela de Naramachi, el jardín que toma prestado el paisaje, los ciervos que hacen reverencias, las tres mil linternas, los guardianes tallados en 69 días, el Gran Buda, el tesoro de la Ruta de la Seda y el ritual que no se interrumpe desde el año 752. Duración aproximada de audio: 20 minutos.
Paradas del tour
12 paradas · ~20 min de audio · 10,69 km a pie (unas 2 h 40 min caminando) · unas 3 h en total
Estás frente a la puerta Suzakumon, roja y enorme, en medio de una llanura de pasto. Detrás, a lo lejos, otro gran edificio rojo. Entre los dos, casi nada. Este vacío era el palacio imperial de la primera capital permanente de Japón.
Antes del año 710, la corte japonesa se mudaba cada vez que moría un emperador. La muerte contaminaba el palacio. Pero un Estado moderno, como el chino, necesitaba una capital fija.
Así nació Heijo-kyo, la actual Nara. Se trazó copiando a Chang'an, la capital de la dinastía Tang, la ciudad más grande del mundo de entonces: calles en cuadrícula perfecta, una gran…
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La pagoda que casi se vende como chatarra
Estás frente a Kofuku-ji. Mirá la pagoda de cinco pisos, de unos cincuenta metros: es la segunda pagoda de madera más alta de Japón. La actual es de 1426. En estos años puede estar cubierta por andamios: es una restauración que durará casi una década.
Kofuku-ji fue el templo de la familia Fujiwara, el clan de aristócratas que dominó la corte japonesa durante siglos casando a sus hijas con emperadores. Llegó a tener más de ciento cincuenta edificios.
En su museo se guarda una de las estatuas más queridas de Japón: Ashura, un guardián con tres caras y seis brazos, del año 734. Tiene una expres…
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La dama que dio la espalda al estanque
Estás junto al estanque Sarusawa. Desde acá tenés la vista clásica de Nara: la pagoda reflejada en el agua, entre sauces. El estanque se excavó en el siglo ocho.
Tiene una leyenda triste. Una dama de la corte, una uneme, se enamoró del emperador. Él le prestó atención un tiempo y después la olvidó. Desesperada, una noche se arrojó al estanque.
Al lado hay un santuario minúsculo dedicado a ella, el santuario Uneme. Fijate en algo curioso: está construido de espaldas al estanque. Se dice que el espíritu de la dama no soportaba ver el agua donde murió, y que el santuario se dio vuelta solo en u…
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Tejas de mil cuatrocientos años
Estás en Gango-ji. Mirá el techo del salón principal: una parte de las tejas tiene un color distinto, más rojizo y desparejo. No es descuido.
Esas tejas son de fines del siglo seis. Vienen del Asuka-dera, el primer gran templo budista de Japón, fundado en 588 por el poderoso clan Soga. Cuando la capital se trasladó a Nara, el templo se mudó con ella en 718, y trajeron las tejas.
Siguen en el techo. Tienen alrededor de mil cuatrocientos años y continúan protegiendo el edificio de la lluvia. Son unas de las tejas en uso más antiguas del mundo.
El budismo había llegado a Japón desde Corea a me…
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Los monos que cargan con tu desgracia
Estás en Naramachi, el viejo barrio de comerciantes de Nara. Casas de madera largas y angostas, con fachadas de celosía. Ahora mirá las puertas: muchas tienen colgadas tiras de pequeños muñecos rojos de tela con forma de mono.
Se llaman migawari-zaru: los monos que te sustituyen. Vienen de una creencia popular muy antigua. Según ella, dentro de cada persona viven unos insectos que, en ciertas noches, salen mientras dormís para contar tus faltas al dios del cielo.
El mono es el mensajero de la deidad protectora de esa tradición. Colgado en la puerta, absorbe las desgracias que iban a entrar a…
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Un jardín que se roba el paisaje
Estás en Isuien, un jardín privado con un estanque, puentes de piedra, musgo y pequeñas casas de té. Sentate en la orilla y mirá al fondo, por encima de los árboles.
Vas a ver el gran techo de la puerta Nandaimon del templo Todai-ji, y detrás, las colinas verdes de Wakakusa y Kasuga. No están dentro del jardín. Están a cientos de metros. Pero el diseño las incorpora como si fueran parte de él.
La técnica se llama shakkei: paisaje prestado. El jardinero no planta montañas; las encuadra. Los árboles y los muros se colocan para esconder lo que molesta y mostrar lo lejano.
La parte delantera de…
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Los mensajeros de los dioses
Mirá a tu alrededor: ciervos. Caminando entre la gente, cruzando la calle, descansando a la sombra de los templos. En Nara viven alrededor de mil trescientos ciervos en libertad.
Si comprás las galletas especiales, las shika senbei, muchos ciervos te van a hacer una reverencia, bajando la cabeza antes de pedirte. Es un gesto aprendido. Pero cuidado: si te demorás, también empujan y muerden la ropa.
Según la leyenda, en el año 768 el dios Takemikazuchi llegó desde el este montado en un ciervo blanco para instalarse en el santuario de Kasuga. Desde entonces, los ciervos de Nara son considerado…
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Tres mil linternas
Caminaste por un sendero bordeado de linternas de piedra cubiertas de musgo. Ahora estás en Kasuga Taisha, el santuario sintoísta rojo brillante al pie de la montaña. Entrá en el corredor y mirá las linternas de bronce que cuelgan del techo, una tras otra.
En total, el santuario tiene unas tres mil linternas, de piedra y de bronce. Fueron donadas a lo largo de los siglos por nobles, samuráis, comerciantes y familias comunes. Cada una lleva el nombre del donante.
Dos veces al año, en febrero y en agosto, se encienden todas al mismo tiempo. El bosque entero se ilumina.
El santuario se fundó e…
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Dos gigantes tallados en sesenta y nueve días
Estás bajo la Nandaimon, la gran puerta sur de Todai-ji. Mirá a los costados: dos guardianes de madera de más de ocho metros, musculosos, furiosos, con las ropas agitadas por un viento invisible.
Uno tiene la boca abierta; el otro, cerrada. Representan el primer y el último sonido del alfabeto sánscrito: el principio y el fin de todo.
Los talló en 1203 un equipo dirigido por Unkei y Kaikei, los mayores escultores de su tiempo. Las estatuas están hechas con miles de piezas de madera ensambladas. Según los documentos del templo, las terminaron en apenas sesenta y nueve días.
En la década de 1…
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Un Buda para salvar al país
Entrá en el Daibutsuden. Al principio, la oscuridad. Después, la figura: un Buda de bronce sentado de unos quince metros de altura, con la mano derecha levantada en señal de paz. Es el Gran Buda de Nara.
En la década de 730, Japón vivió una catástrofe. Una epidemia de viruela mató, según algunas estimaciones, a un tercio de la población. Hubo rebeliones, malas cosechas, terremotos.
El emperador Shomu, convencido de que solo el budismo podía proteger al país, ordenó en 743 construir una estatua gigante del Buda cósmico. Se fundieron cientos de toneladas de bronce, buena parte del cobre dispon…
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El tesoro de la Ruta de la Seda
Mirá este edificio de madera oscura, elevado sobre pilotes, con paredes hechas de troncos de sección triangular encastrados. Es el Shoso-in, el almacén del tesoro de Todai-ji. Por fuera parece un granero.
En 756, al morir el emperador Shomu, su viuda, la emperatriz Komyo, donó al gran Buda los objetos personales de su marido. Se guardaron acá. Y casi todos siguen acá, mil doscientos setenta años después.
Son unos nueve mil objetos: espejos, instrumentos musicales, telas, armas, medicinas, documentos. Muchos llegaron por la Ruta de la Seda desde China, Asia Central, Persia, incluso el Mediter…
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El fuego que no se apaga desde el año 752
Subí la escalera de piedra hasta la terraza del Nigatsu-do, el salón del segundo mes. Faroles de bronce cuelgan del alero. Desde la baranda tenés la mejor vista de Nara: el gran techo del Buda, los tejados de la ciudad, las montañas.
Cada marzo, durante dos semanas, este salón es el escenario del Omizutori, un ritual budista de arrepentimiento. Los monjes rezan por todas las faltas del mundo y por la paz del país.
La noche más famosa, recorren esta terraza con antorchas gigantes, de varios metros, que agitan sobre la multitud. Las chispas caen como lluvia de fuego. Se dice que quien recibe u…
¿Cuánto dura el tour "Nara: la primera capital, el Buda gigante y los ciervos que se quedaron"?
Tiene unos 20 minutos de audio en 12 paradas y un recorrido a pie de 10,69 km (unas 2 h 40 min caminando). Conviene calcular unas 3 h en total, aunque se puede dividir: el tour se pausa y se retoma cuando quieras.
¿Dónde empieza el tour?
En la parada 1, "Una capital copiada de China" (coordenadas 34.689, 135.7927). La app te guía de una parada a la siguiente con un mapa.
¿Es gratis?
Trevurs es una app gratis para iOS y Android. También hay una versión Premium opcional, desde USD 1.99, con descargas offline ilimitadas, acceso a todos los tours y sin publicidad. Además, ayuda a sostener una app independiente.
¿Por qué hacer una audioguía en lugar de un tour guiado en grupo?
Sin grupo al que seguir y sin guía al que esperar. Se empieza a cualquier hora del día, con tu propio horario. A tu ritmo: pausar, volver atrás o saltar cualquier parada. No hace falta dedicar 2 o 3 horas a un solo tour: una parada o la ruta completa, como prefieras. Funciona sin conexión una vez descargado.
¿En qué idiomas está disponible esta audioguía?
Este tour está disponible en español, inglés, japonés, chino simplificado, chino tradicional y coreano. El idioma se cambia en cualquier momento desde la app.
¿Necesito wifi para escuchar el tour?
No. Basta con descargar el tour con wifi antes de salir; después se escucha sin conexión de datos.
¿Cómo accedo a este tour?
Hay que descargar Trevurs en iPhone (App Store) o Android (Google Play), abrir Nara y elegir "Nara: la primera capital, el Buda gigante y los ciervos que se quedaron". No hace falta crear una cuenta para empezar.
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Sin wifi · español, inglés, japonés, chino simplificado, chino tradicional y coreano