Frente a Hiroshima hay una isla montañosa que los japoneses veneran como un dios. Para no herir su suelo, el santuario se construyó sobre el mar, con un gran torii rojo que parece flotar cuando sube la marea. Durante siglos estuvo prohibido nacer, morir y hasta cultivar en la isla. Doce paradas entre el muelle de los ciervos, la cuchara de arroz gigante, el salón inacabado de Hideyoshi, el torii que se sostiene por su propio peso, los corredores sobre el agua, el escenario de teatro flotante, el guerrero que convirtió el santuario en el de su clan, el templo de las ruedas de oración, el valle de los arces, la llama que arde desde hace mil doscientos años y la calle de los vecinos que no tienen cementerio. Duración aproximada de audio: 18 minutos.
Paradas del tour
12 paradas · ~18 min de audio · 7,13 km a pie (unas 1 h 45 min caminando) · unas 2 h 15 min en total
Bajaste del ferry en Miyajima. Probablemente lo primero que viste fueron ciervos, esperando en el muelle. Como en Nara, se los considera mensajeros de los dioses. Pero acá está prohibido darles de comer.
Miyajima significa la isla del santuario. Su nombre oficial es Itsukushima. Está a solo diez minutos de barco del continente, en la bahía de Hiroshima, y tiene una montaña de más de quinientos metros cubierta de bosque.
Desde tiempos antiguos, los japoneses vieron esta isla no como un lugar donde hay un dios, sino como el dios mismo. La montaña, los árboles, las rocas: todo era sagrado.
Esa…
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La cuchara gigante y el pastel de hoja de arce
Estás en la calle Omotesando, el camino de los peregrinos hacia el santuario. Tiendas de recuerdos, ostras a la parrilla, olor a dulces recién horneados. Buscá en una vitrina una cuchara de madera enorme, de más de siete metros.
Es un shakushi, la paleta para servir arroz. Según la tradición, a fines del siglo dieciocho un monje de la isla enseñó a los habitantes a tallar estas paletas con la madera local, para que tuvieran un oficio. Se convirtieron en el recuerdo típico de Miyajima.
Hay un juego de palabras: en japonés, la palabra para servir arroz suena como la palabra para tomar o conqui…
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El salón que Hideyoshi no terminó
Estás en la colina junto a la pagoda roja de cinco pisos, de 1407. A su lado hay un salón de madera enorme y oscuro, abierto por los costados: el Senjokaku, el salón de los mil tatamis. En realidad tiene unos ochocientos cincuenta.
Lo mandó construir Toyotomi Hideyoshi en 1587, para que los monjes leyeran sutras por los soldados muertos en sus guerras. Hideyoshi murió en 1598 y la obra se detuvo. Nunca se terminó.
Fijate: no tiene techo interior pintado, ni puertas en la fachada. Las vigas están a la vista. Ese aspecto inacabado le da una belleza extraña.
Esta colina tiene además una histor…
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Un torii que se sostiene solo
Ahí está: el gran torii rojo, en el agua, a unos doscientos metros de la orilla. Si la marea está alta, parece flotar. Si está baja, podés caminar sobre la arena mojada hasta sus pies.
Mide más de dieciséis metros de altura y pesa alrededor de sesenta toneladas. Los dos pilares principales son troncos naturales de alcanforero, traídos de otras regiones de Japón, porque cuesta mucho encontrar árboles tan grandes.
Lo más sorprendente: el torii no está enterrado en el fondo del mar. Se sostiene por su propio peso. La caja del travesaño superior está llena de piedras para hacerlo más pesado y es…
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Un santuario sobre el mar
Entrá al santuario Itsukushima y caminá por sus corredores rojos de madera, suspendidos sobre el agua. Con la marea alta, todo el conjunto parece flotar. Con la marea baja, queda sobre la arena, con cangrejos entre los pilotes.
¿Por qué construir un santuario sobre el mar? Porque la isla misma era el dios. Pisar su suelo con cimientos y edificios era una ofensa. Así que el santuario se construyó en la franja de costa que cubre y descubre la marea, entre la tierra y el mar.
Fijate en los tablones del suelo de los corredores: tienen pequeñas separaciones. Cuando una ola grande o una marea muy …
6
Teatro sobre las olas
Estás frente al escenario de teatro noh del santuario. Es una plataforma de madera con techo, construida sobre pilotes en el agua. Es el único escenario de noh de Japón que se levanta sobre el mar.
Lo donó en 1680 el señor feudal de Hiroshima. El noh es el teatro más antiguo de Japón que se sigue representando: actores con máscaras de madera, movimientos lentos, cantos, flautas y tambores.
Normalmente, debajo de los escenarios de noh se colocan grandes vasijas de cerámica para que el suelo resuene con los pasos de los actores. Acá no hacen falta: el agua debajo cumple esa función.
Cada prim…
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El samurái que gobernó la corte
Estás frente a un santuario pequeño y tranquilo, entre pinos, junto al mar. Está dedicado a Taira no Kiyomori, el hombre que dio al santuario de Itsukushima la forma que tiene hoy.
En el siglo doce, Kiyomori fue el primer samurái que llegó a dominar la corte imperial de Kioto. Casó a su hija con el emperador, y su nieto llegó a ser emperador. Su clan, los Taira, controló Japón durante unos veinte años.
Kiyomori se enriqueció con el comercio marítimo con China. Las diosas del mar de Itsukushima se convirtieron en las protectoras de su familia. En 1168 reconstruyó el santuario en su forma actu…
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Las ruedas de oración
Estás en Daisho-in, el templo budista más importante de la isla, al pie del monte Misen. Subí la escalera de piedra y fijate en el pasamanos: hay una fila de ruedas de metal con inscripciones.
Son ruedas de oración. Cada una tiene grabado un texto sagrado. Se dice que hacerlas girar al subir equivale a leer el sutra. Hacelas girar con la mano mientras subís.
Según la tradición, el templo lo fundó en el año 806 Kukai, uno de los grandes monjes de la historia japonesa, fundador de la escuela budista Shingon. Kukai habría subido al monte Misen para meditar.
Por todo el recinto vas a ver ciento…
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El valle de los arces
Estás en Momijidani, el valle de los arces. Un arroyo baja entre rocas, con pequeños puentes rojos. En otoño, cientos de arces se tiñen de rojo y naranja, y el valle entero parece encendido.
Este es el paisaje que inspiró los pasteles con forma de hoja de arce que viste en la calle comercial.
En 1945, un tifón trajo lluvias torrenciales y provocó deslizamientos de tierra que arrasaron este valle. Las rocas y troncos bajaron por el arroyo hacia el pueblo y el santuario.
La reconstrucción se hizo con un criterio muy japonés: no con muros de hormigón, sino reacomodando las piedras y plantando …
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La llama que arde desde hace mil doscientos años
Estás en la cima del monte Misen, a más de quinientos metros sobre el mar. Mirá alrededor: el mar interior de Seto, salpicado de islas, la costa de Hiroshima, los barcos. Se dice que un primer ministro de la era Meiji afirmó que esta era la mejor vista de Japón.
Bajando un poco desde la cima hay un pequeño salón de madera, el Reikado. Adentro, sobre un fogón, arde un fuego bajo una gran olla de hierro.
Según la tradición, ese fuego lo encendió Kukai en el año 806, cuando meditó en esta montaña. Y desde entonces no se ha apagado. Se lo llama la llama que no se extingue.
Ahora la conexión. En…
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La isla sin cultivos
Estás en Machiya-dori, una calle paralela a la comercial, mucho más tranquila. Casas de madera de dos pisos con celosías, pequeños cafés, una galería de arte en una antigua casa de comerciantes. Acá viven los habitantes de la isla.
Durante siglos, la vida en Miyajima tuvo reglas especiales. Como el suelo era sagrado, estaba prohibido cultivar la tierra: no se podía herir el cuerpo del dios con el arado. Toda la comida llegaba del continente.
Los habitantes vivían del santuario, de los peregrinos, de la pesca y de la artesanía, como las paletas de arroz.
Tampoco se podía derramar sangre. Las…
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Salir para nacer, salir para morir
Estás junto al muelle, mirando el mar hacia el continente. Desde acá salen los ferris, cada pocos minutos. Durante siglos, este cruce fue algo más que un viaje.
En Miyajima no se podía nacer. El parto implicaba sangre, y la sangre era impura frente al dios. Cuando una mujer de la isla estaba por dar a luz, la llevaban en barco al continente. Volvía semanas después, una vez purificada.
Tampoco se podía morir. Cuando alguien estaba gravemente enfermo o a punto de morir, lo trasladaban al otro lado del agua. Los muertos se enterraban en el continente. Por eso la isla no tiene cementerio. Y desp…
¿Cuánto dura el tour "Miyajima: la isla tan sagrada que no se podía nacer ni morir en ella"?
Tiene unos 18 minutos de audio en 12 paradas y un recorrido a pie de 7,13 km (unas 1 h 45 min caminando). Conviene calcular unas 2 h 15 min en total, aunque se puede dividir: el tour se pausa y se retoma cuando quieras.
¿Dónde empieza el tour?
En la parada 1, "Llegar a la isla de los dioses" (coordenadas 34.3006, 132.3234). La app te guía de una parada a la siguiente con un mapa.
¿Es gratis?
Trevurs es una app gratis para iOS y Android. También hay una versión Premium opcional, desde USD 1.99, con descargas offline ilimitadas, acceso a todos los tours y sin publicidad. Además, ayuda a sostener una app independiente.
¿Por qué hacer una audioguía en lugar de un tour guiado en grupo?
Sin grupo al que seguir y sin guía al que esperar. Se empieza a cualquier hora del día, con tu propio horario. A tu ritmo: pausar, volver atrás o saltar cualquier parada. No hace falta dedicar 2 o 3 horas a un solo tour: una parada o la ruta completa, como prefieras. Funciona sin conexión una vez descargado.
¿En qué idiomas está disponible esta audioguía?
Este tour está disponible en español, inglés, japonés, chino simplificado, chino tradicional y coreano. El idioma se cambia en cualquier momento desde la app.
¿Necesito wifi para escuchar el tour?
No. Basta con descargar el tour con wifi antes de salir; después se escucha sin conexión de datos.
¿Cómo accedo a este tour?
Hay que descargar Trevurs en iPhone (App Store) o Android (Google Play), abrir Hatsukaichi y elegir "Miyajima: la isla tan sagrada que no se podía nacer ni morir en ella". No hace falta crear una cuenta para empezar.
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Sin wifi · español, inglés, japonés, chino simplificado, chino tradicional y coreano